A propósito de el comentario de mi amigo William sobre el piano tengo que reconocer que mi relación con la música ha sido siempre un trauma. Muchos años atrás yo trabajaba en la Casio de Iquique y aprendí a tocar de oido la "Vereda Tropical" en el teclado que estaba afuera de mi oficina. Durante un año o más estuve torturando a mis desafortunados compañeros de trabajo con notas equivocadas, acordes incorrectos, cientos de intentos por sacar la famosa melodía hasta que finalmente pude tocarla entera por el fastidioso método de la prueba y error. El año siguiente toqué una y otra vez la cancioncita hasta que mi jefe, interpretando el malestar de todos me dijo que hasta cuando, que ya tenía enfermos a todos con la maldita "Vereda Tropical"
Así me dí cuenta de que si no variaba el repertorio iban a terminar linchandome, el ambiente de trabajo solía ser muy bueno, pero con mi música se ponía cada vez más peor. Me conseguí una cartilla de acordes, con las teclas para cada acorde, mayores, menores, bemoles, sostenidos y séptimas. Me puse el objetivo de aprendermelos todos, cosa que jamás ocurrió porque me prohibieron terminantemente seguir tocando en el trabajo. Además era un asunto muy penoso para aprenderlo a pura memoria, cosa que también intenté sin éxito.
¿Y creen que me di por vencido? no señores, Ruperto no se rinde, lo que hice fue comprar un teclado para practicar en la casa y así pasé días,semanas y meses aporreando las teclas sin avanzar nada; lo que memorizaba el lunes se me olvidaba el martes y todo de nuevo. Las cosas más básicas como disociar la mano derecha de la izquierda me costaban un gran esfuerzo y terminaba con los dedos agarrotados después de un rato tratando de practicar los acordes, la mano izquierda jamás me acompañó.
Entonces apareció Jorge Chameng, un corredor de seguros que había estudiado en el conservatorio cuando joven, entró un día a la oficina y viendo el teclado se puso a tocar la Tocatta y fuga de Bach, Para Elisa y cuanta cosa se le pasó por la cabeza mientras yo me tragaba el amargo pan de la envidia y pretendía admirar al muy maldito. Un profesor es lo que necesito, me dije, y le ofrecí de inmediato una jugosa suma para que me hiciera clases particulares.
En la primera clase lo comprendí todo, porque cuando jorge empezó a llevar el ritmo con las palmas mientras yo pensaba ¿que tiene que ver esto con el piano? me di cuenta de donde estaba la raíz del problema y porqué jamás iba a lograr tocar ni mediocremente bien: el tempo no es un adorno, sino la base de la música y yo era absolutamente arritmico. fui como a tres o cuatro clases más y en cada clase quedaba más claro mi problema, mirando hacia atrás me acordé que jamás pude aprender a bailar, que nunca aprendí a andar en bicicleta y peleando con los puños siempre me pegaban. Que diablos.
Pasaron muchos años y el teclado quedó acumulando polvo, cada vez que lo veía era como una espina en el pie porque uno de mis mayores sueños fue siempre poder tocar algún instrumento aunque fuese mal. Mucho tiempo después por intermedio de mi amigo Rodrigo conocí al Stanko Mestrovic que además de ser profesor de música era especializado en teclados, esta es la mía, pensé y le pedí -que digo- le rogué, que me enseñara aunque fuera a tocar unas pocas cumbias.
Después de un proceso algo menos doloroso, porque Stanko se dio cuenta enseguida que yo no tenía dedos para el piano y no iba a llegar a ningún lado tratando de enseñarme a tocar bien, pero aprendí a leer y tocar torpemente algunas partituras sencillas, alpoco tiempo me cansé de que me dijeran "no! no! no!, mal! mal! mal!" y el Stanko doblemente cansado de escuchar mis chapucerías que no tenían por donde mejorar me regaló dos partituras para que me las aprendiera:"Reloj no marques las horas" de Cantoral y "Adiós muchachos" de Discepolo (creo), después de un tiempo terminé tocándolas, al menos parcialmente, con lo que mi repertorio se amplió a tres canciones. Además que me aprendí como seis o siete acordes, de los que recuerdo ahora el Do, Re menor, Sol, Fa menor, La menor y otros que ahora no recuerdo.
Un día conversando de todo esto con un sobrino de la Pilar que es músico de jazz (envidia), me dijo inocentemente "oye ¿pero que no sabías que "Adios Muchachos" es una canción jetta? dicen que es la útima que cantó Gardel antes de matarse y trae mala suerte a todo el que la toca". Desde entonces cada vez que tocaba "Adiós Muchachos" me quedaba preocupado y siempre pasaba algo malo que justificara el presagio de mala suerte. Para hacer el cuento corto desde entonces no volví a tocar y el teclado sigue acumulando polvo y burlandose de uno de los sueños más grandes de mi vida. Al cabo que ni me importaba.
Y si quieren escuchar a una música de verdad, hagan clic en
http://www.bradanovic.cl/revolucionario.m3u
Donde Paula, la hermana de Rodrigo Nuñez que es excepcional pianista toca el "Estudio Revolucionario" de Chopin. Yo la escucho y se me revuelve el alma de envidia. Bah...
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